Tenían entre 17 y 27 años y realizaban una importante tarea social en Caseros y Villa Bosch junto al padre tercermundista Mario Bertone. Ayudaron a levantar el barrio y la capilla, que se convirtió en centro cultural. Fueron secuestrados en 1976 en el partido de Tres de Febrero.

Entre el 22 de mayo de 1976 y el 10 de septiembre de 1978, un grupo de 18 jóvenes que integraban una agrupación scout en Villa Bosch, partido de Tres de Febrero, fueron secuestrados y desaparecidos por un grupo de tareas del Ejército que operaba en esa zona. Los jóvenes, que tenían al momento de ser secuestrados entre 17 y 27 años, eran compañeros del colegio secundario y a finales de los años sesenta realizaron una importante tarea social en el barrio junto al padre tercermundista Mario Bertone, con quien construyeron la parroquia San Francisco de Asís de Villa Bosch.
Familiares y Compañeros de Detenidos-Desaparecidos de Tres de Febrero realizará hoy a partir de las 11 un homenaje al grupo de scouts con actividades culturales en la calle Fray Mamerto Esquiú 5445, donde se encontraba la capilla que ayudaron a construir y que ahora se convirtió en parroquia. Una murga recorrerá las calles del barrio, se realizará una radio abierta con los relatos de los sobrevivientes y se elaborará un mural testimonial. Un conjunto de actividades “para hacer presente esos lazos de solidaridad y compromiso que durante tanto tiempo se pretendió invisibilizar”, según anunció la organización. También se celebrará una misa para recordarlos.
“En el año 1967 se forma un grupo scout en el colegio La Merced de Caseros con el padre Mario Bertone, un cura que adhería al pensamiento del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. A partir de eso, se trasladan a una capilla en gestación, en lo que se conoce como el barrio Fiat de Caseros, porque era donde estaba la vieja fábrica de autos. Ahí comienzan a trabajar sobre la construcción de la capilla San Francisco de Asís y arrancan con un trabajo social de vinculación con la comunidad a partir del Concilio Vaticano Segundo, de la integración de los curas a las comunidades mediante trabajo social y no tanto de una relación religiosa”, relató a Tiempo Argentino Edgardo Fontana, compañero de colegio de los jóvenes desaparecidos y tío de Alejandro Sandoval Fontana, nieto recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo.
Laura Orsi, una de las sobrevivientes del grupo original, recordó esos primeros años en los que comenzó a militar: “Cuando el padre Bertone se fue de la Iglesia de la Merced, apartado por su ideología, nos fuimos todos detrás de él a su nuevo destino. Cómo no había capilla, empezamos a funcionar en un taller metalúrgico. Empezaron las actividades y se comenzó a dar misa, mientras construíamos la parroquia”.  Una vez que se terminó el precario edificio, la capilla se convirtió en el centro social y cultural de ese humilde barrio obrero. “Con las limosnas fuimos haciendo el barrio. Primero se hacía una lista de prioridades de las familias y el dinero se utilizaba para poner lozas, pisos, techos”, agregó Orsi.
El padre Bertone abandonó los hábitos en 1972, se casó y dejó la parroquia San Francisco de Asís. En seguida llegó un nuevo cura, quien no vio con buenos ojos la participación política del grupo y le quitó el apoyo: en esa época la mayoría de los integrantes ya militaba en la Juventud Peronista o en Montoneros. “Cuando los chicos empiezan a desaparecer (mayo de 1976), el nuevo cura cita a los padres de los más chicos, les dice que se terminó, que eran todos guerrilleros y los echó del lugar. Entonces siguieron trabajando en otra capilla. Era una guerra de Dios y había una iglesia que había que exterminar ”, recordó Orsi, que en 1972 se había casado y había dejado la militancia.
“Después de los primeros secuestros entraron en una supuesta clandestinidad, pero muchos seguían viviendo en sus casas, por ejemplo a Darío Valiño lo secuestraron cuando salía de la fábrica de Zanella, donde era dirigente sindical. Fue todo muy vertiginoso, no sabíamos contra quiénes estábamos luchando”, aseguró.

Fuente: Tiempo Argentino

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